Agregó que se ha quejado sin éxito. "Te comunican con un representante del servicio al público, pero nunca con alguien de autoridad", agregó.
Un reportero de AP tuvo una experiencia similar cuando preguntó sobre una tarjeta de 5 dólares llamada "Pa' Llamar" que sólo funcionó 60 de los 148 minutos prometidos a Centroamérica. Blackstone Calling Cards, con sede en Miami, la compañía que publicita y distribuye las tarjetas, refirió al reportero a ADMA Telecom, que suministra la conexión.
Un empleado del servicio al cliente de ADMA, que sólo se identificó como Ernesto, dijo que el sistema de computación de la compañía a veces no lee correctamente el destino solicitado. "Si estás llamando a Nicaragua te puede aplicar la tarifa para Haití. El cliente tiene que llamarnos y decirnos que ha tenido un inconveniente con la llamada, y nosotros solucionamos el problema", le dijo.
Cuando quiso saber más detalles, Ernesto refirió al reportero a un supervisor, quien a su vez le dio otro número telefónico... el de Blackstone.
Oscar Munera, un distribuidor independiente de tarjetas telefónicas, dijo que pese a los problemas las tarjetas son una ganga.
"Hace quince años no podías llamar a Colombia porque era carísimo. Los clientes nunca están satisfechos", afirmó. Dijo que la gente podría evitarse problemas de leer las condiciones que aparecen en letra pequeña. Pero ésta no está siempre disponible, no es legible o no está en el idioma natal del cliente.
"Hay tanta variación en las tarjetas y las tarifas que no puedes ir a un comercio, mirar la selección y hacer una elección precisa", dijo Marlowe, de la Universidad de Georgia.
El proyecto de Engel requiere la aclaración clara y estandarizada de todos los cargos en el reverso de la tarjeta o en los avisos, conmina a las compañías a cumplir con los minutos prometidos y prohíbe cargos por llamados sin conectar.
"No nos proponemos tener una fuerte regulación, sino sólo que la persona promedio sepa lo que compra", dijo el legislador.