América Latina
Por Conrado Hornos
MONTEVIDEO (Reuters) - Soportando un intenso olor fétido que se desprende de una montaña de basura de casi dos metros de alto y miles de moscas dándose un festín, Selva, de 69 años, busca entre los desperdicios de la capital uruguaya algo que la ayude a sobrevivir.
Un grupo de hurgadores, o clasificadores como prefieren llamarse, divide el montón de basura en pilas de alimentos, plásticos y papeles, que cuidadosamente revisará para hallar elementos reutilizables.
Los juguetes que Selva regala a sus nietos, la ropa que viste y hasta lo que come provienen de la basura que diariamente clasifica. Además de elementos para reutilizar, encontró un trabajo del que se siente orgullosa.
"Yo no mendigo, yo trabajo," dijo a Reuters la anciana, quien desde los 26 años vive de los desperdicios. "No tengo vergüenza en decir que ando revolviendo la basura para reciclar," agregó la madre de 12 hijos y abuela de 28 nietos.
Junto a ella, otras 97 personas integran una cooperativa que examina 30 de los 540 camiones de basura que llegan cada día al depósito Usina 5, un vertedero municipal que recibe parte de las 1.500 toneladas de desperdicios que diariamente arroja la población de la capital uruguaya, Montevideo.
La cifra de personas que viven de buscar en la basura para revender plásticos, papeles y metales se disparó después del 2002, el peor de una recesión de cuatro años.
Entre 1990 y el 2002 pasaron de unos 3.000 a 7.000, pero la cantidad de hurgadores continuó aumentando, pese a que la economía local despegó al año siguiente, debido a que los ingresos son mejores que en muchos empleos regulares.
TODO GRACIAS A LA BASURA
En Uruguay, un país de 3,3 millones de habitantes que en el 2007 registró el menor nivel de desempleo desde 1993 -un 9,1 por ciento de la población económicamente activa- la pobreza afecta al 25,5 por ciento de los residentes en áreas urbanas.
Según la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (Ucrus), actualmente unas 15.000 personas viven de los desechos, reciclando en cooperativas o levantando basura de las calles en carritos tirados por caballos o personas.
"Gano más que un guardia de seguridad (...) y con esto le doy de comer a mis hijos," dijo Richard Rodríguez, de 39 años y padre de seis.
"Además, todo lo que tengo puesto lo saqué de la basura: los zapatos, el pantalón, la remera (camiseta), el buzo, el walkman, los lentes de sol," enumeró el ex obrero de la construcción.
En la cooperativa que integran Selva y Rodríguez, cada clasificador recibe un sueldo mensual que varía entre los 4.000 y 8.000 pesos (entre 200 y 400 dólares). El salario mínimo nacional es de 3.416 pesos uruguayos (167 dólares) mensuales.
De la basura también rescatan objetos como radios, teléfonos celulares, lentes, relojes y muchas otras cosas que venden en ferias vecinales.
El clima en la Usina 5 es distendido: las bromas y la música hacen olvidar por momentos el fuerte olor a alimentos en descomposición y las moscas que pululan. La tarea se hace más compleja cuando llueve, pues hay que luchar contra el barro, o los días de intenso calor que hacen más fuerte el hedor.
El ánimo de los recicladores es habitualmente marcado por los hallazgos, que van desde dinero en efectivo, reproductores de MP3 y televisores sanos, hasta animales muertos.
Y todos coinciden en recordar como el descubrimiento más duro el de un feto algunos años atrás.
Pese a todas las contras, también concuerdan en continuar. "Todo lo que tienen mis hijos es gracias a la basura, gracias a eso están estudiando para no tener que terminar como yo," contó Rodríguez, quien clasifica residuos desde hace 12 años.
BASURA COMO NEGOCIO
Según publicó recientemente el diario local El País, el circuito de la basura mueve casi 50 millones de dólares anuales y los hurgadores se quedan con entre 12 y 18 millones.
En la cadena que se inicia con los recolectores y que termina en las empresas especializadas en reciclaje, el valor de los materiales aumenta hasta cuatro veces al pasar por cuatro o cinco intermediarios.
"No todo lo que se tira es basura, todo se puede reutilizar y además tiene muchísimo valor (...) Se entierran millones de dólares que podrían generar miles de trabajos," dijo a la radio local El Espectador el responsable del programa oficial "Uruguay Clasifica," Nicolás Minetti.
En una jornada de trabajo, por ejemplo, la cooperativa de la Usina 5 puede llegar a rescatar unos 3.000 kilos de papel y unos 1.500 kilos de plásticos.
Dependiendo del material, empresas privadas pagan el papel hasta en 0,2 dólares por kilo y el plástico hasta en 0,45 dólares por kilo. El material más requerido es el metal, por el que llegan a pagarse hasta unos 5 dólares el kilo.
Las autoridades "tienen que darse cuenta que estamos devolviendo al circuito productivo un montón de cosas que de otra forma terminarían bajo tierra," comentó un clasificador que no quiso dar su nombre.
Selva reflexionó: "Es un trabajo bravo, no voy a mentir, pero es un trabajo que alguien tiene que hacer."
(1 dólar estadounidense = 20,45 pesos uruguayos)
(Reporte de Conrado Hornos, Editado por Silene Ramírez)
Terra/Reuters